CUENTOS, LEYENDAS, POEMAS...
DE COMETAS Y VIENTOS.

jueves, 13 de mayo de 2010

COMETAS EN EL CIELO DE CASABLANCA



Un día encontré este cuento; y ahora lo escribo aqui, deseando que se cumpla un deseo: durante algunos años, en mi trabajo, tuve que escuchar repetidas veces esta frase: “Siempre ha sido así y siempre lo será”
¡No quisiera volver a escucharla nunca más!



Érase una vez, en un tiempo tan cercano que podía estar
sucediendo hoy mismo. Había un lugar en el cielo habitado por
cometas de todos los colores; había cometas rojas, azules, verdes y
amarillas, había cometas de todos los colores del arco iris y de muchos
colores más.
Dicho así podría parecernos un lugar muy divertido, pero
tristemente no lo era. Cada cometa era de un solo color y solamente
volaba rodeadas de las suyas.
Ciertamente en el cielo no hay vallas, ni muros, ninguna cometa
amarilla salía de la parcela reservada a las cometas amarillas,
ni ninguna cometa azul se atrevía a irrumpir en la zona destinadas a las
cometas rojas.
Con el paso del tiempo las cometas habían adquirido
costumbres de vuelo, pero como sólo se relacionaban con las de su
mismo color había sucedido un fenómeno muy curioso, y así,
ocurría, que todas las cometas de un mismo color volaban de la misma
forma: las cometas azules en horizontal, de norte a sur, las verdes
en diagonal, arriba y abajo, formando uves; las blancas,
ciertamente las más sosas de todas, se limitaban a quedarse
suspendidas con un ligero balanceo producido por el viento; las rosas
eran mucho más atrevidas volaban en espiral arriba y abajo, pero de
tanto dar vueltas acababan mareadas.
En el fondo todas las cometas se aburrían de hacer
siempre los mismos movimientos, y algunas, en secreto admiraban los
vuelos de las cometas de otros colores. Pero si se oía algún
comentario al respecto, casi siempre de boca de algún joven
irresponsable, no tardaban de oírse con voz atronadora:
“Siempre ha sido así y siempre lo será”
Las cometas negras, que volaban trazando círculos sobre su
propio eje, comentaban entre sí: “Mira esas cometas rosas que
alocadas e irresponsables trazando espirales arriba y abajo; nosotras
somos mucho más serias”; mientras que las naranjas, que volaban arriba
y abajo cabeceando a los lados decían: “mira esas cometas
blancas, si apenas se mueven, que aburrimiento, nosotras somos
mucho más divertidas.”
Un día, estaban las cometas cada una en su parcela moviéndose
al compás con las de su mismo color cuando, de pronto un viento
tan fuerte como no recordaban los más viejos del lugar empezó a
soplar en todas direcciones. Al principio, las cometas se agarraron
fuertes a sus hermanas, las azules con las azules, las marrones entre
si… Pero el viento, lejos de amainar, arreciaba y las cometas
acabaron soltándose y volando todas juntas en un torbellino de
colores. ¡Qué miedo! pensaban; ¡estoy rodeada de cometas
diferentes! Y así, todas asustadas volaban arriba y abajo, a derecha y
a izquierda en un rebotillo de color. Entonces, el viento cesó de
soplar, las cometas aterradas corrieron a reunirse con las suyas,
lo que dio lugar a algún que otro encontronazo sin mayores
consecuencias. De repente se escuchó un trueno enorme
y…aquello era el diluvio. La tormenta estalló; llovía como nunca
y en pocos segundos las cometas estuvieron empapadas. Volando en
todas direcciones, pero sin poder escaparse de la lluvia las cometas
empezaron a desteñir, el agua que resbalaba de una caían sobre las
demás, las cometas azules eran salpicadas de gotazos amarillos, a
las cometas rojas les salieron pecas azules, y verdes, y negras; en unos
segundos, como por arte de magia todas las cometas eran mezclas de
colores. La lluvia había hecho magia.

Cuando dejó de llover, y tras unos primeros instantes de
aturdimiento se miraron. Ya no podían volver con las suyas pues,
¿cuál eran ahora las suyas? Todas eran diferentes y todas
eran preciosas. El miedo desapareció, pues ¿qué sentido
tenía si todas tenían mezclas de colores?
Las parcelas de color habían desaparecido, podían volar todas
juntas. Pero había algo más ahora podían volar en todas direcciones y
haciendo cualquier baile que se les pasara por la cabeza, haciendo
giros, saltos y bamboleos. Ahora ser cometa si que era divertido.
                                                     Aurora Jiménez




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